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Una mujer indígena que teje para la comunidad Alao San Antonio

 

Sentada con dedicación en el telar de madera, María Felicidad Caz Quillay, de 40 años, utiliza sus manos y pies para tejer un poncho de lana de borrego negro y además habla de su diario vivir.

Para las mujeres de la comunidad Alao San Antonio, dice María Felicidad, el día empieza desde las 04:00, cuando tienen que levantarse para enviar a sus hijos a la escuela o al colegio. El primer bus sale a las cinco 05:00 para llevar a los estudiantes hasta Riobamba.

A las 05:30 los campesinos salen llevando al pastoreo, en el páramo, a sus ovejas y ganado. María Felicidad después de unas horas vuelve a su casa para realizar los quehaceres domésticos y ponerse a tejer. “A veces salgo a trabajar en las mingas de la comunidad o en mi chakra, pero siempre me dedico a esta tarea”, asegura.

Herencia comunitaria
La labor del hilado, por tradición, es una actividad que se le atribuye a las damas. Así, al llegar al centro de Alao es posible observar cómo varias señoras caminan con su ‘wanku’.

Con la lana que ellas bordan, los hombres se dedican a hilar los ponchos y anacos que se utilizan en el sector. “Todas las mujeres saben sobre este oficio, aquí hay cuatro varones tejedores y soy la única mujer en la comunidad que también sabe tejer”, afirma María Felicidad.

Por un momento se levanta del telar y entre sus manos toma su ‘wanku’, entonces recuerda que su madre le enseñó a hilar desde que era una niña. Muy honrosa de saber todo sobre el hilado y tejido, su rostro se ilumina de felicidad, pues conoce a la perfección cada detalle del proceso que hay que llevar a cabo para tener una prenda de su cultura indígena.

EL DATO
‘Awanakaspi’ en idioma kichwa significa telar.El primer paso es trasquilar las ovejas, después de lavar la lana hay que escarmenarla, proceso que consiste en dejar suave la lana con las manos. “Hacemos el ‘wanku’ y empezamos a hilar, como también trabajamos en el campo, tejemos poco a poco y nos demoramos de uno a dos meses hasta conseguir el ovillo de lana”, recalca.

El tejido de los ponchos, los anacos, las bayetas y las chalinas que fabrica María continúa una vez que se obtienen varios ovillos de lana. Entonces es momento de colocar las hebras de hilos en una urdidora y formar la urdimbre que consiste en colocar paralelamente el conjunto de hilos que tensan en el telar para empezar a tejer.

La señora Caz Quillay aprendió a tejer cuando tenía 28 años y decidió comprar su telar. Desde entonces los moradores de Alao llegan con sus ovillos de lana para que se les pueda elaborar sus anacos y ponchos.

Edwin Caz es el hijo de María y también conoce el oficio, pues ella considera que las costumbres heredadas de la familia deben mantenerse. “Mi hijo también sabe tejer, yo le enseño cuando llega del colegio y me ayuda cuando tengo obras”, anuncia María.

Detalles
Alao San Antonio es una comunidad indígena que pertenece a la parroquia Pungalá. Está ubicada a una hora con cuarenta minutos del centro de Riobamba, cerca del Parque Nacional Sangay.

EL DATO
Las ovejas son trasquiladas una vez al año para poder hilar y después tejer la vestimenta de la gente indígena que habita en Alao.El bus de la Cooperativa Pungalá es el único medio de transporte que llega a este sector en tres horarios; a las 05:00, a las 12:00 y el último que sale del centro de la comunidad a las 16:00.

Sus calles están cubiertas de barro, debido a la lluvia y a la humedad que guarda el páramo. El frío es parte importante de este lugar, que además está rodeado de montañas que los moradores aseguran son protectoras de los cultivos de los cuales se alimentan.

El kichwa es el idioma principal de esta comunidad. Mientras van camino a sus casas después del trabajo, en el campo, se encuentran entre vecinos y se detienen a conversar de las cosechas o de alguna novedad que haya sucedido en la comunidad. (MBG)

fuente:https://lahora.com.ec

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