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Un lugar donde están tesoros que se pueden tocar

 

Una urna de sepultura secundaria de la cultura Napo, que destaca por la decoración serpentiforme, que representa la leyenda de los pueblos amazónicos en la que la anaconda es la creadora del mundo, da prácticamente la bienvenida a la exposición temporal levantada con motivo de la celebración de los 30 años del museo Weilbauer de la PUCE.

De inicio se invita a pensar en la arqueología, que según Luis Lumbreras, experto peruano en esta área, es una disciplina que se ocupa de estudiar la vida, sin más información que la que proporcionan los muertos.

Las vasijas, la cerámica, los objetos de piedra y hueso contienen mucha información, comenta Ricardo Gutiérrez, director del museo.

Hallazgos, fotografías y educación
Las fotografías y publicaciones de autoría del sacerdote josefino Pedro Porras Garcés, el pionero de la arqueología en el país, cuelgan en las paredes y cuentan de sus investigaciones, misiones, expediciones y hallazgos que las pudo llevar a cabo, debido a las misiones religiosas que se le encargó hacer en la Amazonía.

La cueva de los Tayos, petroglifos, montículos y más se describen en las instantáneas que se unen a las piezas arqueológicas de la colección de los esposos Weilbauer, quienes lograron reunir piezas valiosas de las culturas amazónicas. Destacan las más de 1.000 hachas de piedra de la cultura Cosanga y de las que se exponen solo unas cuantas que están protegidas en una urna de vidrio. También existen objetos más pequeños y singulares, como las puntas de flecha de la cultura Inga, las figurinas Venus, que representan la feminidad de la cultura Valdivia y otras pequeñas piezas de las culturas Bahía, Jama-Coaque, Guangala, Milagro-Quevedo, Manteño.

Además, para un mejor entendimiento, se ha construido una simulación didáctica de una excavación arqueológica, en la que se exhiben piezas originales de los pueblos de la Costa, Sierra y Amazonía. Allí predominan piezas impregnadas de animales míticos, de iconografía y ritualidad, así como vasijas de sepultura secundaria, en las cuales se aprecian cráneos y huesos de los difuntos que los antepasados mantenían dentro de sus lugares de vivienda.

Zona para tocar
La exposición se caracteriza por tener un lugar donde es posible manipular las réplicas exactas de algunas de las piezas arqueológicas en exhibición y que ‘hablan’ de diferentes momentos de la vida de las culturas, asegura Gutiérrez.

Es la sala táctil del museo en la que “está prohibido no tocar”. Aquí, el tacto con la manipulación de las piezas, la vista que identifica los animales míticos, la degustación del maíz tostado y el sonido que sale de piezas de cerámicas, permite realizar interpretaciones propias de cómo vivieron los habitantes de las culturas que antecedieron a la actual en el país.

“A la gente le invitamos a que recorra un espacio donde le proponemos perderse, percibir, identificar formas, colores y sabores, saber de los sonidos y experimentar usando réplicas de animales, objetos que fueron usados en la ritualidad de los pueblos”, enfatiza. (CM)

Interpretaciones
° El museo Weilbauer se ha convertido en un laboratorio en el que estudiantes realizan y presentan interpretaciones artísticas basadas en algunas piezas arqueológicas y les dan sus propios nombres.

Además, cuenta con una aplicación en realidad aumentada para celulares, creada por estudiantes en Sistemas, que proporciona información de las piezas antiguas.

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