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Tushug, sacerdote de la lluvia que rinde homenaje a la cosecha

 

El alumbrado público aún está encendido, el alba apenas se pronuncia y la gente con su azadón y botas de caucho ya se encuentra en los campos trabajando, con la mirada y las manos en la tierra.

A las 06:00, don Segundo Yanzapanta, quien vive en el barrio Jesús del Gran Poder, zona alta de Santa Rosa, parroquia ubicada al sur de Ambato, poda y cuida de sus plantas de mora. Él es uno de los danzantes más antiguos de su sector.

Mientras cultiva con cuidado sus plantas, cuenta que es muy feliz bailando: “Gracias a la cultura que nuestros mayores indígenas nos han dejado la tradición continúa, es una alegría poder danzar”, comenta.

Este hombre se refiere específicamente al ‘tushug’ o ‘Sacerdote de la lluvia’, quien antiguamente bailaba de alegría en agradecimiento por la cosecha del maíz.

Festividad. La comunidad se reúne y celebra junto a los danzantes.
Origen
Los ‘tushuk’ eran bailarines de la época inca. En el Inti Raymi, fiesta en honor al taita Sol, simulaban la dinámica de traslación y rotación de la Tierra, imitando, además, el movimiento de la serpiente, que para los pueblos kichwa significa sabiduría.

Llegaron los españoles y se dejó de llamar a la conmemoración de los ancestros Inti Raymi; se la empezó a nombrar Corpus Cristi o cuerpo de Cristo, que es una tradición religiosa del catolicismo.

Sin embargo, los pueblos indígenas y campesinos han retomado esta celebración con su mismo nombre.

CELEBRACIÓN. Los niños también participan de la fiesta. Acomopañan al ‘tushug’ en sus rituales.
Vestimenta
El atuendo de los danzantes comprende un faldón, camisa blanca y una pechera larga que representa a la chacana o cruz indígena. En la parte de atrás tienen una franja de siete colores, que simboliza el arcoíris y se acopla perfectamente con un penacho o cabezal adornado de plumas, lentejuelas, joyas y espejos, que personifican a los dioses que los incas adoraban, como la Luna y el Sol. Los cascabeles también son uno de los accesorios que identifican a los danzantes. Estos se ubican en los tobillos y, en el momento de bailar, se hace sonar con los talones.

EL DATO
La elaboración del traje de los danzantes puede costar desde 200 hasta 400 dólares.Todo el traje llega a pesar 50 libras, solo el cabezal 25. Por ello antiguamente se escogían a las personas más robustas y fuertes, porque tenían que bailar ocho días antes y ocho días después del día del solsticio, que era la noche más larga, entre el 21 o 23 de junio de cada año. La música para los danzantes la ponen los pingulleros, quienes soplan la flauta y también tocan un bombo al mismo tiempo. (MBG)

Tradición
° Alver Gavilánez, morador de la comunidad Misquillí, recuerda que fue don Segundo Yanzapanta quien le enseñó a bailar. “Tenía mucha curiosidad por aprender y cuando empecé me gustó mucho, porque al ser un danzante es posible participar de las costumbres que tenían nuestros antepasados”.

Don Segundo señala que hay quienes no pueden coger el paso y por esto no han podido participar en el grupo. “No es fácil danzar, a veces los compañeros no consiguen aprender, pues este no es cualquier tipo de baile; hay que seguir el ritmo de los pingulleros”, recalca.

Trasmitir las costumbres
° Valorizar la tradición de las comunidades indígenas es importante, comenta Welington Guaman, de 21 años. “Nosotros los jóvenes debemos cuidar y continuar transmitiendo el baile de los danzantes, con respeto y amor a nuestras raíces”.

Los niños y jóvenes que actualmente participan son los hijos de los bailarines adultos, ellos van creciendo y cada año participan con sus padres.

Hace tiempo los únicos que danzaban eran hombres, pero en Santa Rosa hoy hay niñas que se llaman las guyanas; ellas van con las tiras de colores en el sombrero y bailan junto a los danzantes.

fuente:https://lahora.com.ec/

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