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Sus manos tejen una tradición

La curiosidad y ganas de aprender que tuvo desde niña hicieron de Martha Alvia una portadora de saberes montuvios.

Ella vive en El Lucero, de Chone, y tiene 51 años. Allí se dedica a la crianza de gallinas, chanchos y a hacer trabajos manuales.

Los petates y las hamacas son la especialidad de sus manos. Ella conversó con el Archivo de la Memoria del Departamento de Cultura de la Universidad Técnica de Manabí (UTM) sobre cómo aprendió a elaborarlos.
“La atarraya aprendí a hacerla con sólo ver, y la técnica de los petates y hamacas me la enseñó mi mamá. Con eso nos crió a nosotros (sus hermanos y ella)”, cuenta Martha.
De hecho, ella también sustenta a sus hijos con la elaboración de estos productos.
En la actualidad su mamá ya no elabora ni hamacas ni petates debido a su avanzada edad, pero Martha continúa con la tradición familiar, la misma que aprendió cuando tenía entre doce o trece años.
Los petates los elabora solo cuando tiene encargos, según manifiesta.
Pero la confección de estos artículos es algo que se va perdiendo, incluso Martha cree que con ella morirá esta tradición familiar.
“Mis hijas no quieren aprender. Dicen que no”, comenta.

Uso. Según recuerda Martha, antes los petates iban sobre las cujas de caña (camas) y allí dormía la gente, es decir eran como el colchón montuvio.
Los petates están elaborados a base de paja mocora.
“Primero se corta la mocora, luego se le saca la espina, se la deja secar y se empieza a tejer”, explica Martha.
Ella aclara que esta paja no se cocina, basta con ponerla a secar al sol.

Velorios. Como buena montuvia, doña Martha también es muy religiosa y por eso no deja de realizar los velorios tradicionales al Niño Divino y la Crucita.
Cuenta que a estos eventos de devoción son invitados sus amigos.
“En los velorios uno les canta a los santos. Se baila. Son con padrinos”, señala.
Martha menciona que tras recibir la invitación, los invitados van llegando uno a uno al velorio y a “las diez u once de la noche los padrinos sacan a los santitos a pasear. Las madrinas cantan. Los padrinos traen dulces, rompope, toman ‘guanchaca’ (bebida)”, destaca.
Durante estas celebraciones los cantos y versos no se hacen esperar, resaltando la diversidad de la tradición oral montuvia que existe en Manabí.

fuente:http://www.eldiario.ec/

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