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Sombreros reviven la tradición de los antepasados en la Maná

 

Los sombreros son considerados como una pieza de moda para unos, mientras que para otros forman parte de su conjunto habitual de vestimenta para las labores agrícolas; sin embargo, cualquiera que sea su uso, estos son antiguos como la humanidad.

¿Quién se hubiera imaginado que la chanta (tallo) del banano iba a pasar a la historia a través de atractivos sombreros, realizados por la creatividad de los artesanos lamanenses?

Para muchas personas, este producto sería un simple desperdicio sin uso ni beneficio, pero para un grupo de mujeres denominadas ‘Grupo Amistad’, del sector La Esperanza en el cantón La Maná, (Cotopaxi), es oro puro.

La idea para elaborar este tipo de objetos llegó a este cantón limítrofe con Los Ríos desde hace más de cinco años y ahora se encuentra en auge. Su elaboración se basa en revivir los conocimientos que tenían los abuelos y quienes fueron los primeros en hacer de la chanta el hilo para confeccionar las sogas.

Detalle

La extracción de la fibra de banano se realiza a mano y se corta con machete, de donde se sacan cuatro capas y luego se deja secar por máximo 15 días. Luego del secado se obtiene la materia prima con la que se realizarán los sombreros.

María López, una de las artesanas del ‘Grupo Amistad’, explica que las capas de la fibra del banano se pueden distinguir fácilmente, ya que de la primera se extrae un hilo, de la segunda una fibra dócil, de la tercera una ‘malla’, llamada así por su configuración del tejido y de la cuarta se extrae la fibra dura. Todas estas se juntan a la hora de hacer los sombreros u otras artesanías. “Todo vale”, revela.

El grupo de artesanías recibió todos sus conocimientos en 2010 por el Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional, que tiene el objetivo de no dejar perder los conocimientos ancestrales en los pueblos.

En ese momento se convirtieron en verdaderas expertas para la elaboración de los sombreros, en lo cual no utilizan más que la chanta del abacá o del banano, cemento de contacto, tijeras, estiletes y un molde. Pero lo que más ponen en práctica es la creatividad y la destreza que sus abuelos tenían.

Las tejedoras aprendieron esta técnica con la finalidad de preservar el arte que tenían sus antepasados, quienes hacían de la chanta canastas, abanicos y otros artículos, pero de forma doméstica.

fuente:https://lahora.com.ec

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