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Soledad Chango, la primera violinista salasaca

 

Llegar a Punta Rumi significa caminar una hora desde el centro de Salasaca, parroquia de Pelileo (Tungurahua). Desde lo alto se puede observar cómo brillan los zawzis, que son una especie de árboles que resaltan entre todo el verde de la naturaleza. Durante el camino uno se puede encontrar con personas montadas en burro que van a cortar la hierba para sus animales.

Para Soledad Chango este es uno de sus lugares favoritos, se podría decir que incluso le sirve de inspiración, pues considera que la Pachamama guía su habilidad para entonar el violín.

De la niñez, esta mujer kichwa, recuerda una cuchara grande de madera o lo que comúnmente en la comunidad se conoce como mama cuchara. Entre risas cuenta que para ir a la escuela ella iba con la cuchara, “no te la lleves me decía mi mamá, pero yo le contestaba no, es mi guitarra, es mi guitarra”.

MONUMENTO. Punta Rumi es un lugar sagrado en Salasaca.
Responsable
Huasalata es la comunidad donde vive esta joven violinista de 24 años. Aquí ha crecido en medio de los enormes arboles de capulí, del viento fuerte, el olor de los eucaliptos y de los chaquiñanes que, por cierto, conoce a la perfección.

Soledad se emociona cuando habla de su comunidad y de su pueblo. Ve a alrededor y detiene su mirada justo donde hay personas que recogen hierba, allá a lo lejos. “Me enorgullece bastante pertenecer a Salasaca, es muy bonito porque tenemos costumbres, los colores de nuestra vestimenta, la música, la comunidad, el idioma y las fiestas de los caporales y rituales”, afirma.

EL DATO
Antiguamente, la vestimenta de las mujeres salasacas constaba de 12 bayetas. Hoy en día, para días festivos, utilizan tres o cuatro. A donde quiera que va, incluso en sus presentaciones, usa el anaco, blusas bordadas a mano y bayetas que están elaboradas en el seno familiar, pues su madre sabe hilar y tejer para vestir a toda la familia.

Ser una mujer artista no ha sido cosa fácil, al contrario, ha significado hacer esfuerzos, refiere. Cuando tenía 15 años fue al conservatorio y sus días del colegio y la universidad iniciaban madrugando: caminaba 20 minutos aproximadamente para conseguir un transporte y viajar una hora y media hasta su institución. “Entraba a las 07:00 a clases de la universidad, después al conservatorio y salía a las 19:00. El tiempo para el almuerzo no me alcanzaba. Gastaba en pasajes todos los días y, como hace tiempo el Internet no era tan accesible, me tocaba quedarme en los ‘cybers’ de la ciudad”, explica.

Hoy en día, Soledad, además de ser violinista, imparte clases de baile, pasos de ballet y folclor en Salasaca, donde también resalta todo lo andino de su pueblo. Asimismo, da clases de inglés, ya que en la universidad se graduó en idiomas.

CULTURA. La vestimenta de los salasacas es visible en las presentaciones musicales. Es una característica que traspasa fronteras.
‘Runa Suite’

EL DATO
Soledad considera que la Pachamama (Madre Tierra) está en conexión con su cuerpo, mente y alma. Este es el grupo, que, según cuenta Soledad, está conformado por personas que ya tienen bastante trayectoria en la música, es por eso que la violinista ensaya todos los días por lo menos 20 minutos. “Me exigen todo el tiempo, su oído está afinado porque de pronto cuando alguna nota está mal en el violín, me dicen tienes que corregir esto”, asegura. Subirse a un escenario es “hacer lo que me gusta”; los aplausos y la alegría que se dibujan en los rostros de la gente es la mayor satisfacción que siente. “A veces nos invitan a una boda o algún ritual y nosotros vamos, siempre la gente dice música primero y eso a uno le motiva”.

Dentro de sus proyectos de vida está viajar para que el mundo conozca su música y las vivencias del pueblo Salasaca, además de continuar creando canciones y cantarlas en su idioma kichwa.

La música es algo que se lleva en el corazón, las notas son la conexión perfecta con la gente, por eso Soledad considera que este es su camino. (LHA)

fuente:https://lahora.com.ec

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