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Saberes que se rescatan

Los jóvenes indígenas de Tungurahua buscan mantener vivos los saberes y conocimientos ancestrales.

La idea es lograrlo con un liderazgo participativo en encuentros como el que se realizó en el salón de exposiciones temporales de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, núcleo Tungurahua.

Allí, tres de las expresiones culturales de los pueblos indígenas fueron representadas en una ceremonia ancestral, con la cual arrancó la jornada.
Amaru Sisa, joven kichwa chibuleo, dirigió este acto. Todos los participantes formaron un círculo alrededor del altar andino que tiene como elemento principal la chakana, símbolo sagrado de los pueblos originarios, reseña diario La Hora.
La explicación de Amaru fue muy sabia. “La chakana está compuesta por dos palabras kichwas: ‘chaka’, que significa puente, y ana, ‘alto’; es decir, un puente hacia lo alto. Es una conexión entre los que estamos en la tierra y los que están en el cielo, entre Wirakucha (divinidad del incario) con Taita Inti (padre Sol) y Mama Killa (madre Luna)”, mencionó.
Las cuatro puntas de la chakana, comentó Amaru, también hacen referencia a lo que para la cosmovisión andina son los cuatro espíritus de la vida: Taita wayra (aire), Yaku (agua), Allpa-mama (tierra) y el fuego en representación de Taita inti.

>más significados. El humo del fuego que estaba encendido en una pequeña olla de barro siguió llamando la atención; los granos de quinua, la cebada, el maíz y el fréjol parecían ser analizados por la mirada de los jóvenes.
Asimismo, añadió el chico sobre la chakana, “representa las cuatro celebraciones del ciclo andino. En septiembre la Killa Koya Raymi, en la cual se prepara la tierra para sembrar y se festeja la fertilidad; en diciembre el Kapak Raymi, fiesta de liderazgo; en marzo el Pawkar Raymi, conmemoración del florecimiento, y en junio el Inti Raymi, festividad de la cosecha”, explicó.
Este altar andino también representa tres tiempos: el Hawa pacha (mundo de arriba), que está en el pensamiento y es simbolizado por el cóndor; el Kai pacha (mundo terrenal), que está en el pecho y es representado por el jaguar, y finalmente el Uku pacha (mundo de abajo), que está en los pies, donde también están los espíritus de los taitas. Este mundo está representado por la serpiente.
La minga (trabajo comunal), el “ranti ranti” (reciprocidad o prestar la mano) y la “mita” (obediencia), los tres tiempos de la agricultura; la siembra, el florecimiento y la cosecha son importantes de destacar en este ritual. Es la dualidad que quiere decir una presencia masculina y femenina en el universo.
Para una ceremonia es necesario tener la espiritualidad, una relación armónica entre ñuka, los demás y con todo lo que existe en la naturaleza y con el Taita inti, dijo Amaru, mientras pidió a todos los jóvenes que se tomaran de las manos.
“Nuestro idioma es importante”, repetía, y hablaba totalmente en kichwa. Después les pidió a todos los asistentes que absorbieran energía del altar. Luego les solicitó que frotaran sus manos sobre la frente para tener sabiduría. También que las pusieran en el pecho para que haya buenos sentimientos. Finalmente, con el puño arriba, sus rostros iluminados y voces fuertes repitieron: “¡Huyayay pueblos milenarios!”, frase que no tiene una traducción exacta, pero hace referencia a victoria o gloria.
Fernando Cerón, presidente de la Casa de la Cultura núcleo Tungurahua, quien apoya la iniciativa, mencionó algunas de las actividades que se van a desarrollar en este proceso de liderazgo. Están el teatro, enfocado a trabajar en la memoria de los pueblos, una formación en kichwa y en procesos organizativos, “como liderar desde la identidad y la memoria con los saberes de nuestros taitas y mamas”, indicó.
Natalia Guzmán, instructora de teatro, resaltó la predisposición para trabajar en el rescate de la cultura.

fuente:http://www.eldiario.ec

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