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Próceres de la independencia: Los héroes que encendieron la Luz de América

 

El Primero Grito de la Independencia de 1809 fue una fecha trascendental no solo para Ecuador, sino también para toda Suramérica. La movilización de los patriotas para desconocer al régimen español encendió la llama libertaria en la región, razón por la cual Quito mereció el título de ‘Luz de América’, que fue reconocido en una placa colocada en el faro de Valparaíso, Chile, en 1812.

Pero planear la revuelta no fue fácil. La primera reunión de los conspiradores se dio en diciembre de 1808, en la hacienda del Valle de los Chillos del marqués de Selva Alegre, y se vio frustrada por la traición de uno de los asistentes, que conllevó la persecución de los involucrados.

“Con astucia, lograron esquivar la acción española, hasta que se dieron los eventos del 10 de agosto”, dice el historiador y director de la Academia Nacional de Historia Franklin Barriga López.

La noche de la libertad
El historiador opina que esta es “la fecha mayor de nuestra historia”, y resalta que el hecho se dio gracias a “la decisión y el valor de una dama, Manuela Cañizares, que fue quien alentó a los patriotas” a que llevarán a cabo el golpe. Pretendiendo una tertulia de la alta sociedad, el 9 de agosto reunió en su casa a más de 30 revolucionarios para planificar la proclamación de la libertad. Casi un siglo después, el presidente Eloy Alfaro nombró en su honor al primer colegio laico de educación femenina en el país.

Entonces se conformó la Junta Soberana de Gobierno, que tuvo como presidente al Marqués de Selva Alegre, Juan Pío Montúfar, y al obispo José Cuero y Caicedo como vicepresidente.

Como secretarios de Estado estuvieron: Juan de Dios Morales, “de fe inquebrantable, como también de clara inteligencia”, que fue nombrado Ministro de Negocios Extranjeros y de Guerra; Manuel Rodríguez de Quiroga, “considerado la cabeza verdadera y firme de la revolución”, ocupó el cargo de ministro de Gracia y Justicia, y Juan Larrea, que fungió como ministro de Hacienda.

Ya en la madrugada del 10 de agosto, el doctor imbabureño Antonio Ante entregó al presidente de la Real Audiencia, el conde Ruiz de Castilla Manuel Urriés, “una comunicación que identificaba el hecho emancipador, haciéndole saber de la cesación de sus funciones”, indica Barriga.

Mientras tanto, en la ahora llamada Plaza de la Independencia, la guarnición comandada por Salinas vitoreaba a la Junta Soberana y declaraba su lealtad a esta.

Aunque la hazaña fue protagonizada por los criollos quiteños, Barriga pone énfasis en que los ancestros de la mayoría llegaron de poblados y haciendas ubicados en provincias de todo el territorio nacional. “El momento en que hablas de Quito, estás hablando del país. Quito es el crisol de la nacionalidad ecuatoriana”, dice el historiador. (AA)

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