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Los últimos flauteros de Cochasquí evocan vientos ancestrales

 

Pedro, José, Ramón y Alejandro, a quienes les dicen los últimos flauteros de Cochasquí, tocan y bailan en círculo acompañados de un grupo de mujeres, todos de la tercera edad. Entonan las melodías que sus antepasados lo hacían en época de fiesta.

Las notas musicales que salen de sus flautas, construidas con carrizo y que van acompañadas de las que surgen de la caja y el bombo, no son tristes ni alegres, más bien simulan a los sonidos que provoca el viento en un campo abierto. Todo esto invita a realizar un viaje imaginario hacia un verdadero ambiente de paz y tranquilidad.

“Nuestra música es antiquísima y se está perdiendo, porque los jóvenes ya no quieren aprender a tocar la flauta”, lamenta Pedro de la Cruz, de 60 años.

Es el más joven del grupo, formado en la actualidad por hombres (un quinto ya solo les acompaña y no toca), la mayoría de ellos de una misma familia.

Pedro de la Cruz es la primera flauta, José Ramón Chichaiza es la segunda, Alejando de la Cruz Chicaiza toca la caja y Rafael de la Cruz se encarga del bombo.

ALGARABÍA. Las mujeres, esposas y familiares de los flauteros de Cochasquí acompañan con su baile.
Llamado
A pesar de haber intentado transmitir sus conocimientos musicales ancestrales a los jóvenes de la comunidad de Cochasquí, ubicada en la parroquia Tocachi, cantón Pedro Moncayo (Pichincha), donde el cuy, la chicha de jora y el chaguarmishqui enriquecen la gastronomía, el grupo no ha conseguido el interés de los jóvenes, aduce.

“Hemos buscado darles clases, hemos salido a colegios y escuelas a incentivar, pero no ha habido resultados”, insiste. Por lo que hace un llamado a las autoridades para que financien proyectos que impulsen a la juventud a aprender a construir las flautas y saberlas entonar.

Mientras no haya el interés “nosotros seguiremos siendo los únicos que quedamos”, reiteró. (CM)

Fabricación
° Pedro de la Cruz cuenta que construyen las flautas con sus propias manos, con los carrizos más fuertes y resistentes que encuentren. Sin embargo, por el uso y “los accidentes en las noches de bohemia” no les duran mucho, por lo que han elaborado y entonado muchas en sus vidas.

Para la elaboración de los tambores usan el tronco del penco, de donde se saca el mishqui, una bebida dulce consumida como refresco; la cubierta es de cuero de chivo y las tiras que la sujetan son hechas con el cuero de la res.

fuente:https://lahora.com.ec

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