UN PUENTE SIN ALMA PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 03 de Julio de 2011 06:43

Pronto se cumplirá el primer año de la inauguración del puente Bahía-San Vicente, sin embargo los resultados han sido pobres en cuanto a las posibilidades de progreso y desarrollo. La gente cada día comenta más sobre el tema, quienes tenían ingresos que les permitía vivir al día, hoy sufren con desesperación la ausencia de ventas en sus negocios: Restaurantes, pangueros, artesanos, personal de las gabarras, vendedores ambulantes, etc.

Todos nos imaginamos otra dinámica económica. La industria del turismo no despega, la inversión inmobiliaria es mínima todavía y los efectos de integración con la zona norte no se incentiva. Las oportunidades de pronto pasan por el puente, pero no se quedan en nuestras ciudades (Bahía y San Vicente). La pregunta es por qué?

El gobierno se ha preocupado por la infraestructura vial, hoy es más fácil llegar a nuestros destinos turísticos, de hecho la gente se anima cada día a recorrer el país, el turismo interno está en boga. Sin embargo la expectativa de visitas a nuestra zona ha mejorado sin podernos comparar con otros destinos cercanos que inclusive están de moda.

El puente llama la atención por sí solo, hay mucha gente que quiere conocer y recorrerlo, pero no se quedan. Llegan, se toman fotos, les parece una maravilla y siguen su camino. Algunos visitan las ciudades, se encuentran con lugares acogedores por su belleza natural, una caída de sol los enamora por ejemplo, al mismo tiempo que la falta de servicios básicos y de prolijidad de la gente en atender a los turistas los ahuyenta.

En general no estuvimos preparados para la inauguración y tampoco para el día después. Aquel 3 de noviembre del 2010 lo recordaremos por toda la parafernalia que se armó, con presidente incluido. El desorden, el caos, la improvisación, la falta de todo, fueron el denominador común. Los que nos visitaron por primera vez no quieren regresar, los que siempre habían venido se alejaron, los habitantes se sorprendieron y pensaron que desde ese momento todo cambiaría.

Qué pasó? Qué faltó? PLANIFICACIÓN. Nada más, al mismo tiempo todo. No proyectarse al futuro, no entender y comprender el momento, no darle una buena lectura por parte de autoridades y ciudadanía. Quedarnos observando boquiabiertos todo el escenario sin reacción alguna. Embriagados con lo mediático, el país se congregó de alguna manera para observar la inauguración de la obra emblemática del gobierno y nosotros también, cuando teníamos la obligatoriedad de ser los receptores y recaudadores de los beneficios a  corto, mediano y largo plazo. Irresponsablemente nos sumamos a la fiesta y desaprovechamos la oportunidad.

El chuchaqui fue y es terrible. La resaca no nos pasa. El malestar continúa. No hay receta ni médica ni casera que cure. No sabemos hacia adonde ir, el norte no existe. Por lo pronto vemos pasar el progreso y el desarrollo frente a nosotros sin poderlo detener, convocar y aprovechar.

El puente unió Bahía y San Vicente físicamente, pero nosotros no hemos logrado ni siquiera reconciliarnos y reconocernos humanamente. Aquel abrazo previo al gran día, cuando autoridades y ciudadanos en forma simbólica salieron a encontrarse en la mitad del puente fue una tamaña hipocresía. Hoy cada quien busca por su lado sus propios beneficios, cuando lo lógico es que la mancomunidad funcione a plenitud para fortalecer los vínculos y conseguir las obras. Por lo menos una, la más importante por ahora: AGUA POTABLE.

El puente no mejoró nuestra calidad de vida, en algunos casos la empeoró. No nos pongamos a llorar sobre la leche derramada y volvamos a recoger el naipe, barajar y repartir, de pronto nos sale otro juego, este si el ganador o por lo menos el que promete algo para seguir apostando a la patria chica. Para eso necesitamos líderes poderosos comprometidos con el bien colectivo, líderes estudiantiles, empresariales, religiosos, políticos, de opinión, gremiales, barriales. Auténticos líderes con vocación de servicio, para eso debemos escogerlos ya, sino los tenemos la responsabilidad es formarlos. No se olviden nunca que los buenos líderes se hacen en el día a día.