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Esmeraldeños y las formas de conservar sus alimentos

 

Esmeraldas• Ricardo Córdova Cabezas, habitante de la parroquia Súa, cantón Atacames (sur de Esmeraldas), recuerda que en su casa nunca faltó la alimentación basada en mariscos, carnes de animales silvestres y aves.

“En la actualidad hay prohibiciones para cazar animales silvestres, pero antes lo que había en la selva era nuestro”. Dice que en Súa abundaban las tatabras, las guantas, los venados, los guatines; o las aves, como la pava, que las cazábamos con la escopeta de chimenea”.

El mar –dice– era otra fuente de la que provenían los alimentos. Con facilidad se pescaban bagres, jureles, lizas, alguaciles, gualajos, canchimalas, dorados, pámpanos, entre otros.

Forma de preservar
Las prácticas ancestrales de los habitantes de la zona sur de Esmeraldas, ubicados a orillas del mar, eran similares a los norteños. Variaba un poco con respecto a quienes vivían en las riberas de los ríos, en medio de la selva.

Córdova cuenta que para conservar los productos tenían varias estrategias, entre ellas la panda. Consistía en aliñar las presas (carnes de animales salvajes o mariscos), envolverlas en hojas y asarlas para evitar su descomposición.

Este criterio lo comparte Juan Carlos Quiñónez, del recinto Vinzade, parroquia Viche (Quinindé). Él evoca los tiempos cuando había abundante comida. “Aparte de las pandas también se las cocinaba hirviéndolas”.

“A los animales los cazábamos por las noches, nos subíamos en una talanquera para esperar su llegada y ahí les disparábamos con la escopeta de chimenea”.

Carnes salpresa
Juliana Vivero Caicedo, del recinto Chillabí, al norte de la ‘Provincia verde’, dice que cuando había bastante carne, especialmente de monte, se la escalaba, una parte se la ponía a secar con el sol y otra se la guardaba en una lata.

Ángel Midero Gómez, nacido en Limones, rememora cómo se conservaba el pescado, se le arreglaba y luego se le ponía a secar, colocado sobre una tarima. “Cuando estaba listo se le ocupaba para la alimentación diaria o se le amarraba en atados de 25 libras o una arroba, para la venta”.

fuente:https://lahora.com.ec

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