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El wayunka de maíz, una costumbre presente en Patután

 

Sentarse a desgranar las mazorcas en el corredor de la casa, después de almorzar, es una costumbre que las familias de Patután, como la de los esposos Andrés Alanuca y Juana Guamán, conservan desde hace muchos años.

Concentrada, escogiendo los mejores granos de maíz, la señora Juana explica que la wayunka es el proceso que realizan para amarrar las mazorcas con sus mismas hojas y que se colocan en una larga soga que se tiempla en las vigas de las casas. “Cuando es tiempo de la cosecha nosotros deshojamos el choclo, pero no completamente, dejamos unas hojitas y colgamos las mejores mazorcas para poner a secar”, cuenta la mujer.

El tiempo que el maíz se seca en la wayunka es de aproximadamente uno o dos meses, después lo descuelgan para desgranar y consumirlo.

Herencia comunitaria y familiar
Patután se encuentra a 45 minutos, en bus, del centro de Latacunga (Cotopaxi). Al caminar por sus chaquiñanes los pies parecen enterrarse en la arena, pues este es un lugar de suelo arcilloso, donde los pencos de cabuya crecen y adornan todo el sector.

EL DATO
El wayunka es un atado de frutos que se cuelga al interior o exte-rior de las viviendas. Esta comunidad, según recuerda don Andrés, fue una tierra muy fértil, con plantaciones de maíz, cebada y quinua por todos sus rincones. “Solo el maíz ha perdurado desde que yo era niño y son pocas las familias que siguen sembrando”, apunta.

Antiguamente, los abuelos y la gente de la comunidad usaban la yunta para remover y preparar el terreno para la siembra y molían los granos que cosechaban en piedra, recuerda con nostalgia.

La randimpa para la siembra y cosecha es otra de las herencias comunitarias que los esposos recuerdan que se practicaban en la comunidad Patután, “antes los campesinos de este sector tenían grandes sembríos y teníamos que ayudar”, dice don Andrés. La randimpa es un sistema en base a un ‘cambia mano’, es decir que el trabajo se devolvía con trabajo.

Mientras que doña Juana cuenta que su familia es grande y que siempre, en tiempo de cosecha, llegan sus hijos y nietos y preparan las tradicionales tortillas de maíz, las humitas y el tostado, “los tiempos han cambiado y ahora usamos el molino a mano, para fabricar nuestro propio polvo”.

Una vez al año
Andrés y Juana se dedican a la agricultura y ganadería, y cuentan que también procesan el abono de sus vacas de forma orgánica, ya que les sirve para nutrir el terreno, así a finales de diciembre y en enero empiezan a sembrar el maíz.

EL DATO
La randimpa se basa en la ayuda mútua. A los tres o cuatro meses de haber sembrado el grano realizan la deshierba y con ayuda de un azadón trabajan la tierra alrededor de la planta para fortalecer su crecimiento.

En agosto el maíz está listo para cosecharse. Hay gente en la comunidad que deja que el grano se seque en la misma planta, otros prefieren realizar este proceso haciendo el wayunka y hay quienes desgranan unos choclos y escogen las mejores mazorcas para ponerlas a secar en el patio de las casas, “este año el sol no hizo que la cosecha fuese tan buena, pero gracias a Dios tenemos nuestro granito para comer y hacer una coladita de maíz”, aseguró Andrés. (BG)

FUENTE:https://lahora.com.ec/

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