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El rondador sopla vientos de agradecimiento a la Pachamama

 

Las ‘Raymikunas’ o fiestas del Sol y la Luna se dan en los dos solsticios y los dos equinoccios. Se trata de celebraciones relacionadas con el ciclo agrícola andino y su punto de referencia para calcular su calendario es el tiempo en que se cultiva el maíz. Estas son: Koya Raymi (21 de septiembre), Capac Raymi (21 de diciembre), Pawkar Raymi (21 de marzo) y el Inti Raymi (21 de junio).

En estos eventos nunca falta la música para acompañar en los diferentes rituales de agradecimiento o tributo a diferentes divinidades del mundo indígena, como la Pachamama.

De este modo, los instrumentos musicales forman parte fundamental en estas épocas. Uno de ellos es el rondador.

Es una flauta de pan tradicional de Ecuador, referente de la identidad musical que se encuentra en toda la región andina; sin embargo, el rondador ecuatoriano tiene una estructura y particularidades organológicas que lo hacen diferentes de otros instrumentos.

En la revista Patrimonio Cultural Inmaterial, Jhony García, músico e investigador, se refiere a que este instrumento se construye de carrizo (Phragmithes communis), un material muy común en las quebradas y tierras húmedas. Está formado por una hilera de tubos de tamaños alternados y se ejecuta soplando dos tubos al mismo tiempo, los cuales están separados en intervalos de terceras y cuartas.

El rondador forma parte de un proceso cultural que data de la época prehispánica hasta ahora. Los vestigios arqueológicos encontrados en varias partes del país y que se remontan a diferentes periodos de la historia aborigen comprueban la existencia de este instrumento a partir de la cultura Chorrera (1.300-550 a.C.).

INSTRUMENTO. En la gráfica un indígena con rondador de plumas de cóndor (1976). (Foto: Revista PCI)
La música ancestral
García señala que instrumentos arqueológicos como botellas, silbatos, ocarinas, citófonos, idiófonos y más dan cuenta de un amplio espectro organológico presente en las culturas prehispánicas de Ecuador. También se encuentran representaciones de rondadores ejecutados por personas que, por sus atuendos, se deduce que eran chamanes, danzantes o individuos que se dedicaban a esta labor.

En el periodo prehispánico había rondadores de varios tamaños y diversos materiales (caña, piedra, cerámica) con una cantidad variable de tubos. En la época colonial, la presencia de este aparato era regular; sin embargo, los reportes de los cronistas de ese tiempo se refieren a este de manera general, puesto que sus intereses no fueron artísticos. Aunque en esa etapa se desplazaron las expresiones culturales prehispánicas y las sociedades del pasado mantuvieron sus costumbres y tradiciones camuflándolas en la religiosidad dominante. De ahí el sincretismo de dos culturas y la permanencia del rondador en la vida cotidiana tanto festiva como ritual.

ORIGEN. En esta acuarela se puede ver que los indígenas llevaban al rondador a rodos lados. (Foto: Revista PCI)
Espacios de su uso
En la crisis del sistema colonial español y primeros años de la República, las expresiones musicales se producían en espacios diferenciados, comenta García. Por ejemplo, los instrumentos y los ritmos que predominaban en el sector criollo de la población –es decir de los descendientes de los españoles y de algunos mestizos pudientes- eran de origen y raigambre netamente europea; mientras que en los campos andinos seguían manifestándose los instrumentos y ritmos autóctonos, rituales y festivos; al igual que en las poblaciones negras de Imbabura, Carchi y Esmeraldas. El experto cita en su publicación al musicólogo Segundo Luis Moreno y a su trabajo de investigación que verifica el uso de varios tipos de rondadores.

En la región interandina, de acuerdo con la revista Patrimonio Cultural Inmaterial, existen dos tipos de rondador: uno grande, de 12, 14, 20, 26 y más tubos, conocidos en toda la Sierra, menos en Carchi y Loja, y otro de solo ocho, conocido en Imbabura, pues los indígenas de Otavalo, Cotacachi, Atuntaqui y algunos de Ibarra, lo usan en las fiestas llamadas del culto, para la danza de los yumbos. (CM)

Lo que se escribía
° “En su música los indígenas se servían de instrumentos de percusión y viento. El tamboril, en variedad de tamaños, era imprescindible en toda fiesta y el cascabel para los danzantes. Los músicos tocaban el pingullo y la flauta traversa. El rondador alegraba los regocijos familiares. La bocina y la quipa convocaba para las conmemoraciones rituales”: fray José María Vargas

fuente:https://lahora.com.ec

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