Home > Intercultural > El churo da la alarma si es que hay intrusos en el páramo

El churo da la alarma si es que hay intrusos en el páramo

 

Al pie de las montañas, bajo el frío del páramo y el soplar del viento que interpreta una melodía suave al golpear con los árboles, se confunde un extraño eco, un sonido agudo, fuerte, pero sutil. Es el del churo, que se roba la atención de las personas del sector de Angahuana Alto, una de las comunidades indígenas de Tomabela, en Tungurahua.

Antes de que el taita inti (Dios Sol) salga a relucir, Francisco Tisalema toma el duro instrumento para llamar la atención del pueblo, al tiempo que el cabildo saluda a los habitantes por los altos parlantes antes de anunciar una noticia importante.

Entre la pala, el azadón y otras herramientas cotidianas que se utiliza en la agricultura se destaca la presencia de este antiquísimo artefacto, que no es otra cosa que un caracol marino de gran tamaño y que para Francisco constituye un verdadero tesoro.

De acuerdo con el intérprete, entonar el churo no resulta nada fácil porque se requiere de fuerza y destreza para arrancar un sonido armónico.

“Lo más importante es la forma cómo colocas los labios en la entrada, como si fuera una trompeta”, asegura.

Para él, a pesar de que los años le van quitando fuerza, es un gusto entonar los sonidos distintivos que este aparato emana y ya son más de 50 años que lo hace.

“Muchas son las historias que nos han contado los abuelos sobre este instrumento”, comenta.

Según Tisalema, el churo autóctono se ha utilizado desde tiempos inmemoriales para dar alarma por si los enemigos o gente ajena llega a sus paramos.

De qué esta hecho
Mientras limpia cuidadosamente su churo, Francisco asegura que este sí es un instrumento que la naturaleza ha obsequiado, pues no hace falta adaptarle nada; solo con limpiarlo bien es suficiente, manifiesta.

“Se sopla desde un lado y los labios actúan como una doble lengüeta para producir los sonidos que resonarán en el interior de la caracol”, afirma, mientras infla las mejillas y sopla produciendo una melodía.

Las nuevas generaciones
Con mucha nostalgia, María Capuz, esposa de Francisco, señala que ya nadie entona el churo, porque dicen que es muy difícil y además se revientan los labios.

Agrega que ninguno de sus tres hijos sabe tocar este instrumento. Ahora uno de ellos ya es profesional y trabaja en una oficina. Parece que mientras pasa el tiempo se van olvidando de estas pequeñas cosas que caracterizan a su pueblo, concluye. (DLH)

Un pueblo fraccionado
° El pueblo Tomabela está conformado por varias comunidades de la parroquia Santa Rosa, en el cantón Ambato (Tungurahua), como Misquillí, San Pablo, Miñarica, Cuatro Esquinas, Angahuana Alto, Angahuana Bajo, Apatug, entre otras.

Además, su gente se encuentra también en Pilahuín y parte de Bolívar. Su idioma es el kichwa y han adoptado el castellano como segunda lengua.

A pesar de la fragmentación originada en la colonización, este sitio hace grandes esfuerzos por mantener su identidad a través de sus costumbres y vestimenta que se caracteriza en los varones por los ponchos de color negro o azul marino, sombreros blanco de lana de borrego, camisa y pantalón blanco. En las mujeres lucen los anacos negros, que representan la tierra; el sombrero blanco, la camisa bordada con flores de todos los colores, que hacen referencia a la Pachamama.

Como principal ocupación de los habitantes, sobresale la agricultura y ganadería, ancestralmente dedicada al autoconsumo, pero ahora la mayoría es destinada al mercado.

Entre los principales alimentos cultivados destacan la papa, la cebolla, el ajo, el haba y el melloco. El sistema agrícola utilizado es la asociación y la rotación de cultivos. Lo primero está relacionado con el autoconsumo, mientras que lo segundo tiene que ver con los productos para el mercado y es combinado con las actividades pecuarias.

fuente:https://lahora.com.ec

Comentarios