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El bordado a mano refleja el amor a la Pachamama en Angahuana Alto

 

A cinco minutos de la iglesia central de Angahuana Alto (Tungurahua) se encuentra la casa de Silvia Guapisaca, una mujer indígena de 25 años, quien tiene un taller de confección y bordado de blusas.

La entrada a este lugar es un camino angosto de tierra, al ingreso está un cuarto modesto al que no le llega mucha luz y sirve de taller de confección. Allí, además, hay una mesa larga en la cual reposan grandes bultos de tela, dos máquinas de coser, varios rollos de hilo blanco, encajes y botones.

En el centro de la morada está el dormitorio de Silvia y su hija, en el fondo un pequeño cuarto con dos vitrinas que sirven para exhibir las blusas bordadas, algunas alpargatas, aretes y wallkas.

Alrededor se encuentran los cultivos de distintas hortalizas y frutos, los mismos que seguramente sirven de inspiración para que las manos hábiles de Silvia borden sobre la tela blanca distintas figuras que representan la agricultura de los pueblos indígenas.

La mujer aprendió el oficio de bordar y confeccionar estudiando en una academia de corte y confección, y desde entonces trabaja en este arte.

Combina con la agricultura
Nataly, su hija de 3 años, juega con los trozos de tela regados por todo el taller, mientras Silvia, muy empeñosa sentada frente a la máquina de coser, continúa laborando y hablando sobre los diferentes modelos que se pueden hacer con los bordados.

“Si la blusa es para una señorita, el modelo es un poco descotado y bien ceñido al cuerpo, pero si es para una señora debe ser reservado”, comenta.
Entre semana también se dedica a la agricultura cerca de su vivienda y los días de mayor trabajo son sábados y domingos.

EL DATO
Tullpa en idioma kichwa significa blusa.A veces también viaja para Ambato o Guayaquil a conseguir las telas para sus diseños.

A pesar de que esta miniboutique no está a la vista de la gente de otras comunidades como Pataló, Chacapungo y sus vecinas de Angahuana y Apatug, llegan al taller de Silvia, con su pedido de una, dos o tres blusas.

“Cuando hay alguna fiesta o matrimonio se presenta más trabajo, porque las mujeres quieren verse bien el día en eventos especiales”, afirma la profesional.

Tradición
Esta costumbre es transmitida desde la habilidad de las madres, quienes enseñan a sus hijas a bordar para poder vestirse.

“Nuestros mayores nos han dejado esa herencia de labrar las blusas a mano y esta es una tradición que perdura en el tiempo”, señala María Mallqui, moradora de la comunidad Misquilli, quien conoce perfectamente el bordado.

Las figuras más comunes que se utilizan para hacer las blusas son la flor de papa y otras de campo, así como las espigas de la cebada.

Estos son símbolos que María recalca diciendo que representan la diversidad y la riqueza de los productos que existen en el campo.

“Nosotros amamos mucho a la tierra y bordar significa agradecerle todo lo que ella nos brida”.

El labrado se efectúa en las hombreras con hilos de colores como el morado, el verde y el azul, los mismos que encajan perfectamente con el armage de la blusa blanca.

Economía
° El costo del bordado con el diseño más sencillo va desde los 30 dólares, y con la confección de la blusa puede costar hasta 150, dependiendo de la calidad de la tela y el labrado.

Varias mujeres de la comunidad Angahuana Alto tienen la habilidad de adornar las hombreras. Así, llegan al taller de Silvia Guapisaca con la labor terminada para que el costo de toda la blusa sea más económico.

fuente:https://lahora.com.ec

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